martes, 17 de julio de 2012

Julio Cortázar o Las trampas de la revolución


por: Andrés Téllez Parra


“¿Hablar de Rayuela? No podría, ahora. Todo me parece distinto, distante, absurdo”.1


Es 1975. Doce años después de la publicación de la novela que lo colocaría no sólo como uno de los puntales de la llamada literatura del “boom” latinoamericano, sino como una imagen, un icono más de la Revolución Cubana. Aquel escritor a quien un despistado Carlos Fuentes pidiera, cuando fue a visitarlo a su casa en París, que lo presentara con su papá, ya no existe. Y, a pesar de que cuenta más de 60 años, tiene muy pocas canas y su rostro aún conserva rasgos infantiles. Ya es un escritor que ha atravesado el cenit de la escritura: se encuentra en pleno ocaso. Su última novela, Libro de Manuel, desdibujada, esquemática, trunca, lo ha hecho acreedor a un premio, reconocimiento proveniente de su segunda patria, donde realmente surgió el escritor: el premio Médicis étranger de Francia. La suma recibida es simbólica: apenas 950 dólares, que gustosamente entrega a Rafael Gumucio, representante de la resistencia chilena contra la Junta Militar. Un gesto más para demostrar públicamente su compromiso con las causas de la Revolución.
      Escribe, aún escribe. Ha asumido como propio el epígrafe a “El perseguidor”: “Sé fiel hasta la muerte”. Y se aferra a su escritura. Lleva más de una década tratando de empatar su amor por la literatura y su compromiso con la Revolución. No lo ha logrado. Se encuentra nadando entre dos aguas. Afirma una y otra vez, como queriendo convencerse a sí mismo, que no pretende emular al Che Guevara:
     “No soy el Che, no te hablo de meterme en la guerrilla, sino de una operación análoga pero siempre quedándome (y éste es el problema) en la poesía, en la literatura, en las únicas cosas que sé hacer”.
    Al final termina sintiendo que no es suficiente, que la escritura no basta:
     “Escribir, sí, pero de manera que el afecto que sienten por míse traduzca en fuerza, en levadura, en revolución. Y cuando digo revolución quiero decir también la lucha armada, los ‘cuatro o cinco Vietnam’ que pedía el Che. [...] ¿El desenlace de todo esto? Nada urge y todo urge: ya se verá. Por el momento estoy despellejado, enfermo, sin reencontrar esa India donde fui tan feliz hace 12 años”.2
     Hay dos rasgos del escritor argentino en los que Ignacio Solares (Imagen de Julio Cortázar, FCE) hace un énfasis particular: su “oscuro sentimiento religioso” y el sentimiento de culpa que lo atravesaban. Estos dos rasgos cobraron una relevancia superlativa en la vida de Cortázar especialmente después de su encuentro con los cubanos, en 1963, momento a partir del que, de manera recurrente, comenzará a aparecer en su correspondencia un conflicto ético (y estético) entre lo que llama su “hedonismo” y su “deber”, y que con el paso del tiempo irá calando más hondo y afectará profunda e irrevocablemente su escritura. En realidad, la famosa frase de que para él Cuba había sido como un “camino de Damasco sin conflicto visible”, está lejos de ser cierta: su relación con Cuba terminará por conflictuarlo precisamente allí donde podrá verse con mayor facilidad: en su propia escritura. Y es en la misma carta a Thiercelin donde se plantea dos preguntas que ya no lo abandonarán: ¿cómo conciliar su compromiso con la revolución con su “negativa total a hacer una literatura ‘revolucionaria’ en el sentido en que lo entiende una parte de los cubanos? E incluso escribiendo con mi independencia de siempre, digamos movido por mi placer o mi ‘vocación’, ¿cómo dar el máximo de fuerza a una obra que hoy es esperada como una suerte de pentecostés?”. En el momento en que se plantea estos interrogantes, 1968, ya está lista 62/Modelo para armar, la novela más experimental y también la que tendría la más fría acogida entre críticos y lectores. En ella trataría de llevar su concepción sobre la novela hasta sus últimas consecuencias. Y aunque la escribe con total libertad, otras voces interiorizadas ya han empezado a acecharlo con sutiles reproches sobre la pertinencia y el papel de la literatura en la Revolución. Las mismas voces ante las que, una y otra vez, parece querer justificar su escritura.
     Así, Cortázar, el escritor, se enfrentará al Cortázar luchador de las causas sociales, icono de la Revolución, portavoz de las Buenas Nuevas, para intentar hacer una literatura de la cual no tuviera que sentirse culpable. Para ello tendrá que expiar de alguna manera su oscuro pasado pequeñoburgués, anglófilo, francófilo y clasista, ofreciendo a la Revolución, como prueba de su buena voluntad, el sacrificio último que un escritor puede hacer: el de la propia escritura. Dicho sacrificio no consistió únicamente en participar activamente en actividades políticas, como el famoso Tribunal Russel, o en escribir una considerable cantidad de textos sobre las condiciones inhumanas en que muchos países de Latinoamérica vivían; su sacrificio consistió en ceder, cada vez de manera más significativa, su lado de “esteta” o “hedonista” en favor de su “deber”. En la que habría de ser su última novela ya es demasiado evidente la manera en que lo ha afectado su incapacidad de conciliar una literatura “fantástica”, “erudita”, con una literatura “comprometida”. Pero no solamente por la elección de los temas, sino porque en Libro de Manuel, como el propio autor reconocería, lo literario ya había pasado a un lejano segundo nivel. Ante las duras críticas de Ángel Rama a este libro, Cortázar confesaría:
      “Los múltiples defectos del libro cuentan menos para mí que el propósito para el cual lo escribí, y creo que se está logrando. La primera edición de treinta mil ejemplares está agotada sin haber salido casi de Buenos Aires, y el libro se vende no sólo en librerías sino en los kioscos de diarios. Una de las cosas más conmovedoras para mí ha sido que los vendedores de esos kioscos me reconocían en la calle y me llamaban para hablar conmigo y anunciarme que todo el mundo compraba el libro. Es casi terrible sentir un poder semejante sobre un pueblo, una especie de fantasma bruscamente reencarnado y que la gente busca e interroga”.3
      Delirios mesiánicos o no, lo cierto es que con el paso de los años la imagen autoimpuesta de “Che Guevara del lenguaje” —no menos acentuada por ese cambio físico: la barba, la pipa, el cabello largo—, se irá afianzando definitivamente en Cortázar, y el sacrificio de su “amor por cosas que se llaman París, Saignon o Bevinco” le resultará una carga cada día más pesada:
    “Lamento crear tantos problemas, pero América Latina me los crea a mí, y las rayuelas se van quedando atrás”.4
    “Deberás decirle a tus estudiantes que, por desgracia, mis obligaciones políticas ponen a Chile y a la Argentina en un primer plano de trabajo, y que cada vez tengo menos tiempo para sacar la tiza del bolsillo y dibujar una rayuela en la acera...”.5
    “Vivo entre dos aviones o dos trenes: Cuba, Argelia, Bruselas, Toulouse... Reuniones, comisiones, mesas redondas destinadas a informar al público europeo de lo que pasa en nuestros países. Comprenderás que en esas condiciones no es fácil escribir (en todos los sentidos del término), y sin embargo procuro seguir adelante, sintiendo a ratos mi edad, que ya es mucha, y a ratos sintiéndome lo que realmente soy, un joven lleno de vida y de deseos de vivir. Ya ves que estoy lleno de ilusiones y de optimismo; en este comienzo de fin de siglo, ¿qué otra actitud valdría la pena de ser vivida?”.6
    “Siento que mi deber como escritor muy leído es hacer todo lo que esté en mis manos (y esto significa mis manos frente al teclado de una máquina, sobre todo) para ayudar a ese admirable pueblo. Volveré a Cuba en enero y de ahí pasaré a Nicaragua por segunda vez. Creo que te das cuenta, Jaime, de que la literatura(incluso en su contexto literatura-política tal como se da en las universidades norteamericanas más interesantes) pasa a un momentáneo segundo plano para mí. La Argentina [...], el Uruguay, y ahora los nicaragüenses...”.7
     “Carol y yo nos hemos refugiado en una casa que alquilamos a un amigo, cerca de Aix, rodeada de pinares y con todas las condiciones para leer y escribir con la mayor tranquilidad posible. (Digo ‘posible’, pues el correo sigue llegando, desde luego, y me da no poco que hacer: siempreAmérica Latina, ese querido burdel, me está devorando...)”.8
     “No creas que planeo trabajar intensamente en lo mío, porque no puedo ni quiero cambiar mis ritmos erráticos de escritura, pero sí quiero crearme un territorio en el que despertar con una idea de cuento o novela no se resuelva en la frustración de no poder llevarla al papel lo antes posible. Me ha ocurrido tantas veces en estos últimos seis o siete años, que ya me resulta imposible soportarlo”.9
     “Se me hace cada día más difícil leer literatura como lo hacía antes, dejándome llevar a fondo por cada libro, como si alguien me hablara por encima del hombro, a cada instante vuelve la sensación de amenaza, y a veces paso más tiempo escuchando las ondas cortas en busca de noticias que leyendo o escuchando discos. Tristes tiempos, cada día más”.10
     “Aparte de eso [el viaje y las colaboraciones en Nicaragua] consigo trabajosamente escribir uno que otro cuento, que se van acumulando hasta que un día sean otro libro. Lo de trabajoso no lo digo por los cuentos en sí, puesto que cuando me vienen, no son ningún trabajo; el problema es encontrar el momento de escribirlos, con esta vida que me ha tocado vivir desde hace años. No me quejo, ya sabés, pero hay momentos en que es duro no tener la soberana libertad que tenía hace quince años...”.11
     “Novela, ni hablar; imposible imaginar ya un mínimo de seis meses de calma para ese trabajo, de modo que he tirado la esponja y me conformo con los cuentos, que nacen en cualquier parte como hijos naturales y no legítimos”.12
     “Vivo una vida absurda, aunque necesariamente absurda, viajo a Poitiers en estos días (homenaje a Lezama Lima), y se acerca el momento de volver a Nicaragua. Esta noche tengo que hablar en un acto de solidaridad con los nicas. Una cosa sigue a la otra, yla literatura que se aguante...”.13
     Así pues, sólo anteponiendo sus responsabilidades y deberes políticos a la creación literaria se sentía justificado para seguir escribiendo sin cargo de conciencia... aunque ese sentimiento ya nunca lo abandonaría:
    “Pienso que, para muchos de nuestros lectores, ese trabajo de denuncia y de testimonio les habrá confirmado lo que esperan de un escritor,además de sus libros; en todo caso, sé que puedoseguir mis ficciones más literarias sin que aquéllos que me leen me acusen de escapista; desde luego, esto no acaba ni acabará con mi mala conciencia, porque lo que podemos hacer los escritores es nimio frente al panorama de horror y de opresión que presenta hoy el Cono Sur; y sin embargo debemos hacerlo y buscar infatigablemente nuevos medios de combate intelectual”.14
     Si bien es cierto que este conflicto ético repercutiría sobre su escritura y sus múltiples compromisos políticos le impedirían escribir otra novela, tampoco es menos cierto que Cortázar, desde hacía mucho tiempo, ya estaba acabado como escritor de novelas. Después de escribir Rayuela, en una carta a Jean Barnabé confesaría:
    “Sé que dentro de unos meses pensaré que todavía me quedan otros libros por escribir, pero hoy, en que todavía estoy bajo la atmósfera de Rayuela, tengo la impresión de haber ido hasta el límite de mí mismo, y de que sería incapaz de ir más allá”.15
    Sospecha que, a la postre, resultaría ser cierta. En su proyecto más ambicioso, ya aparecía la sombra a la que teme todo escritor más que a cualquier otro tipo de compromiso “extra literario”: la imposibilidad de escribir, el silencio necesario. Mientras batallaba con la escritura de 62/Modelo para armar escribe una carta a Porrúa en la que dice:
    “Cada vez comprendo más a los escritores que terminan callando; el día en que ya no hay mayores problemas de expresión, todo hombre honesto se plantea el problema de si no estará haciendo trampa, escribiendo profesionalmente. O sea que apenas has ganado la batalla después de 30 años de llenar el papel, la perdés con vos mismo”.16
     ¿Sacrificio de la escritura en favor de las causas revolucionarias o justificación, escape, salida ante la sospecha de que ya no se tiene nada más que decir? En una conferencia que Luisa Valenzuela dio a propósito de este autor, en un tono muy nostálgico, recordaba que en noviembre de 1983 ellos dos se encontraron en Nueva York y él, con gran timidez, le confesaba el proyecto de una novela que querría escribir una vez que se diera el tiempo de dejar de lado sus compromisos políticos, una novela perfecta, completa, que se le aparecía en un sueño recurrente; una novela en la que por fin había podido hacer converger su amor por la literatura y su compromiso político. Sin embargo, la novela póstuma, la que jamás llegaría a escribir, estaba compuesta únicamente por figuras geométricas: “El Libro del Sueño, redactado en el territorio de la pura geometría, le resultaba al soñador infinitamente más claro y comprensible que ninguno de los otros nacidos conscientemente de su pluma”.17 Al final de sus días, en la soledad de la escritura, frente a la hoja de papel en blanco, un viejo y agotado Morelli tiembla ante un asombroso descubrimiento: la conclusión de su proyecto son sólo algunas bien delineadas figuras geométricas que lo interpelan silenciosamente desde un territorio ajeno a la palabra escrita.

    (Artículo extraído de la revista electrónica Letralia, tierra de letras, http://www.letralia.com/270/articulo01.htm)


Notas 1. Carta a Jean L. Andreu, París, 21 de abril de 1975, en Cartas 3 (1969-1983), Argentina, Alfaguara, 2000, p. 1.569.
2. Carta a Jean Thiercelin, Nueva Delhi, 2 de febrero de 1968, en Cartas 2 (1964-1968), Argentina, Alfaguara, pp. 1.225-1.226.
3. Carta a Ángel Rama, París, 9 de mayo de 1973, en Cartas 3 (1969-1983), pp. 1.519-1.520.
4. Carta a Jean L. Andreu, París, 3 de abril de 1975, en ibid, p. 1.566.
5. Carta a Raquel Thiercelin, París, 4 de abril de 1975, en ibid., pp. 1.567.
6. Carta a Jaime Alazraki, París, 22 de febrero de 1978, en ibid., p. 1.634.
7. Carta a Jaime Alazraki, París, 18 de noviembre de 1979, en ibid., p. 1.669.
8. Carta a Eric Wolf, Aix-en-Provence, julio-agosto de 1981, en ibid., p. 1.729.
9. Carta a Jaime Alazraki, Aix-en-Provence 6 de julio de 1981, en ibid., p. 1.731.
10. Carta a Saúl Sosnowski, París 9 de noviembre de 1981, en ibid., p. 1.750.
11. Carta a Jean L. Andreu, París, 9 de marzo de 1982, en ibid., pp. 1.763-1.764.
12. Carta a Félix Grande, París, 1 de abril de 1982, en ibid., p. 1.769.
13. Carta a Guillermo Schavelzon, París, 12 de mayo de 1982, en ibid., p. 1.771.
14. “América Latina: exilio y literatura”, en Obra crítica/3, Argentina, Alfaguara, 1994, p. 180. 15. En Cartas 1 (1937-1963), Argentina, Alfaguara, 2000, p. 583. 16. Carta a Francisco Porrúa, París, 19 de enero de 1966 en Cartas 2 (1964/1968), p. 982. 17. Luisa Valenzuela, “Julio Cortázar más allá de la vigilia” en Varios autores, Julio Cortázar desde tres perspectivas, México, Universidad de Guadalajara, Unam, FCE, 2002, pp. 14-15.





miércoles, 4 de abril de 2012

Juana, La papisa que asombró al mundo.

Juana, La papisa, pertenece a esos extraños laberintos de la historia que colindan con la ficción. Si su  existencia es una realidad o una simple leyenda, es un tema que aún se sigue debatiendo en los círculos cristianos de hoy en día. Decidimos extraer de Wikipedia, de manera literal, algunos fragmentos de su historia, para compartirla con ustedes, respetando en lo posible el sentido fiel de las fuentes bibliográficas a las que se recurrió en la elaboración del artículo.
     El obejtivo de Foro Abierto, en esta ocasión, es aprovechar la extraña aparición de Juana en la sucesión papal, para retomar una pregunta simple, analítica, que formuló de manera reciente Fidel Castro a la visita de Benedicto XVI (Joseph Aloisius Ratzinger ) a tierras cubanas: ¿Qué hace un papa? Por favor, aprovecha este espacio para opinar.
    Que se tienda este puente para la discusión y la crítica es vital para nosotros. Buen día.


Representación de la Papisa Juana como Juan VII

La leyenda de la papisa Juana cuenta la historia de una mujer que ejerció el papado católico ocultando su verdadero género. El pontificado de la papisa se suele situar entre 855 y 857, es decir, el que, según la lista oficial de papas, correspondió a Benedicto III, en el momento de la usurpación de Anastasio el Bibliotecario. Otras versiones afirman que el propio Benedicto III fue la mujer disfrazada y otras dicen que el período fue entre 872 y 882, es decir, el del papa Juan VIII.

     Origen de la Leyenda

     En síntesis, los relatos sobre la papisa sostienen que Juana, nacida en 822 en Ingelheim am Rhein, cerca de Maguncia, era hija de un monje. Según algunos cronistas tardíos, su padre, Gerbert, formaba parte de los predicadores llegados del país de los anglos para difundir el Evangelio entre los sajones. La pequeña Juana creció inmersa en ese ambiente de religiosidad y erudición, y tuvo la oportunidad de poder estudiar, lo cual estaba vedado a las mujeres de la época. Puesto que sólo la carrera eclesiástica permitía continuar unos estudios sólidos, Juana entró en la religión como copista bajo el nombre masculino de Johannes Anglicus (Juan el Inglés). Según Martín el Polaco, la suplantación de sexo se debió al deseo de la muchacha de seguir a un amante estudiante.
     En su nueva situación, Juana pudo viajar con frecuencia de monasterio en monasterio y relacionarse con grandes personajes de la época. En primer lugar, visitó Constantinopla, en donde conoció a la anciana emperatriz Teodora. Pasó también por Atenas, para obtener algunas precisiones sobre la medicina del rabino Isaac Israeli. De regreso en Germania, se trasladó al Regnum Francorum (Reino de los francos), la corte del rey Carlos el Calvo.
     Juana se trasladó a Roma en 848, y allí obtuvo un puesto docente. Siempre disimulando hábilmente su identidad, fue bien recibida en los medios eclesiásticos, en particular en la Curia. A causa de su reputación de erudita, fue presentada al papa León IV y enseguida se convirtió en su secretaria para los asuntos internacionales. En julio de 855, tras la muerte del papa, Juana se hizo elegir su sucesora con el nombre de Benedicto III o Juan VIII. Dos años después, la papisa, que disimulaba un embarazo fruto de su unión carnal con el embajador Lamberto de Sajonia, comenzó a sufrir las contracciones del parto en medio de una procesión y parió en público. Según Jean de Mailly, Juana fue lapidada por el gentío enfurecido. Según Martín el Polaco, murió a consecuencia del parto.
Siempre según la leyenda, la suplantación de Juana obligó a la Iglesia a proceder a una verificación ritual de la virilidad de los papas electos. Un eclesiástico estaba encargado de examinar manualmente los atributos sexuales del nuevo pontífice a través de una silla perforada. Acabada la inspección, si todo era correcto, debía exclamar: Duos habet et bene pendentes (Tiene dos, y cuelgan bien). Además, las procesiones, para alejar los recuerdos dolorosos, evitaron en lo sucesivo pasar por la iglesia de San Clemente, lugar del parto, en el trayecto del Vaticano a Letrán.
    Utilizada por los detractores, esas versiones se sostuvieron por muchos años hasta que en 1562 el agustino Onofrio Panvinio redactó la primera refutación seria de aquella leyenda, mientras que los protestantes luteranos se unieron a sus argumentos en el siglo XVII.

La Papisa Juana en el Tarot

La versión de Martín de Opava es la siguiente:

Juan el Inglés nació en Maguncia, fue papa durante dos años, siete meses y cuatro días y murió en Roma, después de lo cual el papado estuvo vacante durante un mes. Se ha afirmado que este Juan era una mujer, que en su juventud, disfrazada de hombre, fue conducida por un amante a Atenas. Allí se hizo erudita en diversas ramas del conocimiento, hasta que nadie pudo superarla, y después, en Roma, profundizó en las siete artes liberales (trivium y quadrivium) y ejerció el magisterio con gran prestigio. La alta opinión que tenían de ella los romanos hizo que la eligieran papa. Ocupando este cargo, se quedó embarazada de su cómplice. A causa de su desconocimiento del tiempo que faltaba para el parto, parió a su hijo mientras participaba en una procesión desde la basílica de San Pedro a Letrán, en una calleja estrecha entre el Coliseo y la iglesia de San Clemente. Después de su muerte, se dijo que había sido enterrada en ese lugar. El Santo Padre siempre evita esa calle, y se cree que ello es debido al aborrecimiento que le causa este hecho. No está incluido este papa en la lista de los sagrados pontífices, por su sexo femenino y por lo irreverente del asunto.
Martín de Opava, Chronicon Pontificum et Imperatum.
  • Jean de Mailly, por su parte, dice:
Se trata de cierto papa o mejor dicho papisa que no figura en la lista de papas u obispos de Roma, porque era una mujer que se disfrazó como un hombre y se convirtió, por su carácter y sus talentos, en secretario de la curia, después en cardenal y finalmente en papa. Un día, mientras montaba a caballo, dio a luz a un niño. Inmediatamente, por la justicia de Roma, fue encadenada por el pie a la cola de un caballo, arrastrada y lapidada por el pueblo durante media legua. En donde murió fue enterrada, y en el lugar se escribió: Petre, Pater Patrum, Papisse Prodito Partum (Pedro, padre de padres, propició el parto de la papisa). También se estableció un ayuno de cuatro días llamado ayuno de la papisa.
Jean de Mailly, Chronica Universalis Mettensis.
        La opinión más extendida es que se trata de una leyenda que, sin embargo, fue dada por cierta por la propia Iglesia hasta el siglo XVI. Las sillas perforadas exhibidas en su apoyo no son al parecer otra cosa que las sillas curiales, que simbolizaban el carácter colegial de la Curia romana. Ninguna crónica contemporánea a los hechos narrados acredita la historia, y la lista de papas no deja ningún resquicio en que se pueda insertar el pontificado de Juana. En efecto, entre la muerte de León IV, el 17 de julio de 855 y la elección de Benedicto III, entre los cuales sitúa Martín el Polaco a la papisa, transcurrió muy poco tiempo, incluso teniendo en cuenta que el segundo no fue coronado hasta el 29 de septiembre del mismo año a causa del antipapado de Anastasio. Estos datos son confirmados por pruebas sólidas, como monedas y documentos oficiales de la época. La crónica de Jean de Mailly sugiere, por su parte, un emplazamiento del papado de Juana un poco anterior a 1100. Sin embargo, sólo transcurren unos meses entre la muerte de Víctor III (16 de septiembre de 1087) y la elección de Urbano II (12 de marzo de 1088), y sólo algunos días entre la muerte de este último (29 de julio de 1099) y la elección de Pascual II (13 de agosto de 1099).
Las explicaciones de la leyenda son diversas. El mito fue tal vez ideado a partir del sobrenombre de papisa Juana que recibió en vida el papa Juan VIII por lo que sus opositores consideraron debilidad frente a la Iglesia de Constantinopla, o quizá por el mismo sobrenombre aplicado a Marozia, autoritaria madre de Juan XI quien dominaba la iglesia como si fuera un Papa e influía en políticas. Por otra parte, el mito también remite a las inversiones rituales de valores propias de los carnavales.
      Otro punto de partida de la leyenda puede ser la prohibición del Levítico (21, 20) de que esté al servicio del Altar un hombre con los testículos aplastados, es decir, un eunuco. La idea que la prohibición conlleva de verificar que sólo hombres enteros accedan al trono papal, estuvo probablemente en el origen de la inspección ceremonial y del testiculum habet et bene pendebant, un tema sugestivo para una disputatio de quodlibet estudiantil en la escolástica de la Edad Media.
     La leyenda se ha desarrollado a lo largo de la Edad Media. La primera mención conocida se encuentra en la crónica de Jean de Mailly, dominico del convento de Metz, redactada hacia 1255. La leyenda se propagó muy rápidamente y sobre una gran extensión geográfica, lo que puede hacer suponer que existía con anterioridad y que el dominico se limitó a consignarla por escrito. Hacia 1260, la anécdota reaparece en el Tratado de las diversas materias de la predicación, de Esteban de Borbón, también dominico y de la misma provincia eclesiástica que Mailly. Pero es sobre todo el relato hecho por Martín el Polaco en su Crónica de los pontífices romanos y de los emperadores, hacia 1280, el que le asegura el éxito.
La acogida que hacen los medios eclesiásticos de la anécdota, que en un principio fue aceptada como cierta, se ha explicado después por el interés del caso jurídico y por una voluntad de imponer una interpretación oficial del supuesto acontecimiento.
     En efecto, la leyenda es rápidamente revivida con fines polémicos. El franciscano Guillermo de Ockham denuncia una intervención diabólica en la persona de Juan, que prefigura la de Juan XXII, adversario de los espirituales (disidentes franciscanos).
     Durante el Gran Cisma de Occidente, la historia de Juana prueba, para las dos facciones, la necesidad legal de una posibilidad de destitución papal. También fue recogida por el polemista Jan Hus y después por los luteranos, que veían en Juana la encarnación de la prostituta de Babilonia descrita en el Apocalipsis:
También me dijo: «Las aguas que has visto, donde se sienta la ramera, son pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas. / Y los diez cuernos que viste, y la bestia, aborrecerán a la ramera, la dejarán desolada y desnuda, devorarán sus carnes y la quemarán con fuego. / Dios ha puesto en sus corazones el ejecutar lo que él quiso: ponerse de acuerdo y dar su reino a la bestia hasta que se hayan cumplido las palabras de Dios. / Y la mujer que has visto es la gran ciudad que reina sobre los reyes de la tierra».
Apocalipsis de San Juan.
     Todos estos ataques llevaron al erudito Onofrio Panvinio, monje agustino, a redactar en 1562 la primera refutación seria de la leyenda, en su Vitæ Pontificum (Vida de los papas). En el siglo XVII, los luteranos se unieron a sus argumentos.
     En 1886, el griego Emmanuel Royidis publicó La papisa Juana, que vino a relanzar el mito. Antes, Petrarca se había visto atraído por la leyenda. En el siglo XX se interesaron por ella otros escritores, como Lawrence Durrell, Renée Dunan o Alfred Jarry.
     En 1972 se estrenó la película "La Papisa Juana", con Liv Ullmann, como protagonista, representando a Juana. En octubre de 2009, se estrenó la película La Papisa (película), basada en la novela La Papisa (novela).[2]

Bibliografía:

Arturo Ortega Blake (México - 2005). La papisa Juana (Ioannes Angelicus, La mujer que se convirtió en Papa) (. ISBN 978-970-810-156-1. 

Emmanuel Royidis (Barcelona - 2000). La papisa Juana (traducida por Estela Canto de la versión inglesa de Lawrence Durrell). ISBN 84-350-9979-2. 
Donna W.Cross (Barcelona - 1996). La papisa (Pope Juan. A Time Under Heaven; traducción de la versión inglesa: César Aira). 
En francés:

Alain Boureau (1993). La papesse Jeanne. 

Yves-Marie Hilaire (s.dir.) (Paris - 2003). Histoire de la papauté. 2000 ans de mission et de tribulations. 

Alfred Jarry, Jean Saltas (1981). La Papesse Jeanne, roman médiéval (traducción al francés de la obra de Emmanuel Royidis, seguida de Le Moutardier du Pape, Opérette Bouffe, 1907 y 1908, con un prefacio de de Marc Voline que describe la posteridad literaria de la leyenda). ISBN 2-7304-0076-1.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Número 5: La terrible presencia de la Muerte

Durante siglos, la Muerte ha sido abordada y hasta estudiada como una figura maligna. Una presencia desagradable o temible a la que es mejor no acercarse jamás. Lo cierto es que esta presencia, tan importante como lo que podría determinarse como la fábula de dioses o demonios o bien, la verdadera imposición de los conceptos del bien y el mal como entes más allá de lo abstracto (dichas definiciones se basan en la fé de cada uno de nosotros), forma parte de nuestros actos cotidianos y nuestros ritos más íntimos.
En la sección Oficio de Letras, podemos encontrar un poema de Neruda, inspirado en el macabro personaje. También podemos encontrar una innumerable cantidad de artistas plásticos o músicos interesados en el fenómeno, como es el caso de los cuadros de Alberto Gironella, sólo por citar alguno de tantos nombres de artistas vinculados al culto o preocupación por nuestro paso efímero por el mundo...



Lo cierto es que nadie sabe de cierto qué es la figura de la Muerte. ¿Se trata de una sombra, una sensación, un ente visble o palpable? Si usted es de los que cree haber presentido alguna vez,  no  un muerto o fantasma, sino a la propia Muerte, o ha experimentado una actividad paranormal al respecto -y aún si no ha tenido oportunidad de ambas situaciones- nos encantaría conocer su opinión sobre el tema. Anímese. No tenga miedo. Escriba lo que quiera en este Foro Abierto. El espacio vacío es suyo...

Atte. Juguete Barroco.


Rodeados de imágenes
(Alberto Gironella, 1929-1999)

lunes, 12 de septiembre de 2011

¿En Uruguay han existido grandes poetas?

Aprovechando la polémica desatada, ante un comentario publicado en el periódico La Jornada, por Enrique Héctor González, donde afirma que en Uruguay no hay poetas de sexo masculino, nos gustaría conocer tu opinión al respecto. ¿En Uruguay han existido grandes poetas?

Pero preferimos no limitarnos al sexo masculino, hablemos también de la mujeres poetas. A mí me viene a la mente, de inmediato, la poética llena de introspección de Idea Vilariño.

En nuestra opinión, es evidente que la respuesta es afirmativa, de manera muy amplia. Pero cada cabeza es un mundo. ¿Recuerdas o conoces otros poetas que deban mencionarse? ¿Recuerdas algún verso proveniente de este país sudamericano, tan fraterno con el nuestro? Te invitamos a participar...

                                                      Vista de La Rambla, en Montevideo, Uruguay

jueves, 19 de mayo de 2011

SILVIO RODRIGUEZ OPINA

En Foro Abierto publicamos la entrevista que le hizo la periodista Judy Cantor-Navas, en Billboard Magazine, al legendario músico y trovador cubano Silvio Rodríguez.

El autor de "Esto no es una elegía" y de Ojalá", con la ecuanimidad y madurez que lo caracteriza, opina que sería muy positivo entablar una relación con los Estados Unidos desde el punto de vista musical, ajena a los problemas políticos que han aquejado a las relaciones diplomáticas entre ambos países. En Foro Abierto nos gustaría conocer tu opinión acerca de la idea fraterna de Silvio; o bien, si es de tu parecer, te invitamos a disentir de sus opiniones en este espacio. Toda opinión es válida, y será más que bienvenida.




¿Por que le parece importante tocar en los Estados Unidos, después de
todo este tiempo y después de las barreras que se han puesto para
usted y otros artistas cubanos? ¿Que significa para Ud. personalmente,
profesionalmente, y quizás, para la música cubana en general y, más
allá, para las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos?

-Por los Estados Unidos ha pasado prácticamente toda la música del
mundo. Me veo como un músico más, de tantos que han ido por allá.
Cuando yo era joven dibujaba historietas y uno de mis referentes era
la revista MAD. No sé si será posible encontrar ejemplares de
principios de los 60, cuando esa revista contaba con un fabuloso
equipo de ilustradores como Jack Davis, Don Martin y Wallace Wood.
Entre ellos también estaba Prohías, un cubano genial. Nunca fui a la
costa del oeste y siento curiosidad por conocer esa zona, que fue
parte de México. He escrito dos discos donde aparecen ángeles y me
gustaría conocer la ciudad que se llama así. A nivel político entre
los dos países, veo mi visita como un paso de avance, porque hacía 30
años que no me daban visa. Ojalá las relaciones avancen siempre en la
dirección del respeto mutuo.

-¿Aquí en los Estados Unidos, se ve el hecho de que el gobierno
norteamericano ha otorgado un visado a Silvio Rodríguez de manera muy
simbólica - es decir, aunque hemos disfrutado de los conciertos de
otros músicos cubanos últimamente, su gira es la que ´rompió el hielo´
de manera definitiva. ¿Aparte del deseo propio de hacer esta gira, Ud.
siente una responsibilidad de ‘abrir caminos’ para otros músicos y
artistas cubanos en los Estados Unidos?

-No sé hasta qué punto eso podrá ser cierto, porque últimamente han
viajado algunas orquestas, jazzistas e incluso trovadores. Pienso en
Los Van-Van, en La Charanga Habanera, en Roberto Carcassés, en Carlos
Varela. Hoy salió que le habían otorgado la visa al grupo Mezcla, de
Pablo Menéndez, un norteamericano que vive en Cuba hace 40 años. Me
parece muy bien que esto pase y también me gustaría mucho que los
músicos norteamericanos fueran a Cuba más a menudo.

-¿Le parece injusto que los artistas cubanos no pueden ser pagados
para sus conciertos de manera normal y corriente bajo la ley de los
Estados Unidos?

-Por supuesto que me parece injusto. Y todavía me parece más injusto
que los cubanos no podamos usar lo que hemos ganado con trabajo
honrado, porque si un banco norteamericano comprueba que resides en
Cuba, confisca tu dinero en dólares, aunque no lo hayas ganado en los
Estados Unidos.

-¿Durante las últimas décadas el embargo de los Estados Unidos ha
afectado su carrera de manera directa? (De manera económica o artística)

-Hace 20 años yo impulsé la creación de tres estudios de grabación.
Para hacerlos ayudé con lo que había ganado en conciertos fuera de
Cuba. En aquel momento pudimos traer algún equipamiento de Inglaterra
y de otros lugares de Europa. Después, cuando quisimos comprar piezas,
resultó que muchas eran norteamericanas y se negaron a vendérnoslas,
por miedo a sanciones económicas. Si un cubano compra un software
norteamericano se lo venden, pero cuando necesita actualizarlo le sale
un cartel que dice que las leyes de los Estados Unidos no lo permiten.
Este año sólo podrán entrar dos alumnos de piano en cada escuela de
música cubana y, en algunas, sólo uno. Eso es por los ajustes
económicos que nos impone el bloqueo. Hay un tipo de sillas de ruedas
para niños discapacitados que no podemos comprar directamente, por ser
patentes norteamericanas. Pagarle a otros para que nos las compren nos
duplica o triplica el coste. Cualquiera en mi país tiene mil historias
parecidas sobre el bloqueo.

-Parece que esta nueva apertura para los músicos cubanos en los
Estados Unidos (no como otras veces) puede seguir para el futuro
predecible. ¿Como piensa que este intercambio puede afectar a la
música cubana a largo plazo (en términos de ser más influenciados por
la música americana por ejemplo)?

La música cubana ha demostrado ser indeleble, porque ha tenido muchas
influencias y siempre ha conservado su esencia. Cuando el trío
Matamoros estuvo grabando en New Jersey, en los años 30, absorbieron
influencias armónicas, pero su son siguió siendo son. Cuando llegaron
las Jazz Band a Cuba, Pérez Prado las puso a tocar mambo y Benny Moré
las puso a tocar montunos. El blues influyó también al bolero cubano,
pero nunca lo descaracterizó. Yo creo que es bueno que las músicas se
junten porque de esos contactos siempre salen cosas interesantes.
Gillespie decía que Chano Pozo le puso rumba al jazz norteamericano.

-Su canciones tienen cada una su propia mensaje, ¿Pero cual es el
mensaje general que quisiera transmitir a las audiencias
estadounidenses durante esta gira?

Realmente no me planteo esta visita en términos de un mensaje
especial. No creo ser un arquetipo artístico, mucho menos político. De
las muy variadas formas de música que se hacen en Cuba, yo hago trova,
que es como decir una canción poética. Y dentro de la trova, me veo
como uno de los muchos que hubo y que hay. Si he logrado cierta voz
propia es porque he trabajado duro y he tratado de superarme, como lo
hacen muchos otros artistas. Quizá me gustaría que pensaran que soy un
vecino que viene a compartir su espíritu; alguien que viene con
sentimientos de amistad y espera lo mismo.

-¿Después de los años, y de todas las experiencias de su carrera y su
país, sigue creyendo que un mundo mejor es posible, y que la música
tiene el poder de cambiar las cosas?

-La música y la poesía no tienen tanto poder como uno pudiera imaginar
a los 20 años. Pero sin dudas tampoco son nulas o inútiles. La poesía
y la música pueden ser muy influyentes en la conducta humana, porque
pueden ser reveladoras, lo mismo a nivel cognoscitivo que a nivel
sensorial. El arte mejora a las personas, de eso no tengo dudas, y son
las personas las que pueden cambiar el mundo. Hay que dar mucho arte a
la gente, para que las personas estén lo mejor inspiradas a la hora de
tomar decisiones. De esta forma un mundo mejor estará más cerca de ser posible.

-¿Tiene recuerdos de un momento especifico en lo cual sentía el poder
de una canción?

Una canción que escuché en una película, hace 10 años, me hizo dejar
de fumar. Una canción mía consiguió que convirtieran en museo a un
tren que estaba abandonado en un suburbio de una ciudad.

-Ud. tiene su propio estudio de grabación, Estudios Ojalá. ¿Como
funciona el estudio, que tipo de actividad suelen tener allí? ¿Se
limita al proyectos suyos, o es un estudio abierto a otros músicos?

-Ojalá se construyó en las dos habitaciones superiores de una pequeña
casa. Yo aporté la tecnología y los instrumentos y el estado financió
la remodelación. Yo lo dirijo, pero los estudios son propiedad
estatal, como casi todo en Cuba. Hace sólo dos días Omara Portuondo y
Chucho Valdés estaban grabando su segundo disco juntos. El primero
también lo grabaron allí. A Chucho le gusta nuestro piano, un Steinway
& Son que trajimos de Hamburgo. En él se grabó la integral de piano de
Harold Gramatges, cuando aún vivía. Leo Brouwer grabó una parte de
“Homo Ludens” con nosotros. Más del 60% de las grabaciones que hacemos
son donaciones. Hemos podido ayudar a alumnos de las escuelas de
música que necesitan enviar demos a los concursos; también a
trovadores sin casas disqueras, o a intérpretes que nunca habían
grabado un disco. Nuestro estudio se llama Ojalá, también por ser alternativo.

-¿Que efecto le parece que ha tenido la creación de más estudios de
grabación y el acceso a nueva tecnología de grabación en la última
década ha tenido sobre el sonido de la música cubana?

-Aunque el acceso a las nuevas tecnologías no lo hemos tenido fácil,
el beneficio que veo es el hecho de que existan todas esas grabaciones
que hemos podido hacer. Entre ellas hay algunos premios Granmys, y
también premios de Cubadisco, grabados lo mismo en los estudios Abdala
que en los estudios Eusebio Delfín (de la ciudad de Cienfuegos), o en
los estudios Ojalá. Cuando dentro de 100 años alguien escuche
grabaciones de estos tiempos, algunas serán las que hicimos nosotros.
Estos resultados son para mí el mejor premio, porque yo perdí muchas
canciones por no tener cómo grabarlas.

-Acaba de empezar la feria Cubadisco….¿le parece que esta nueva
apertura de los Estados Unidos a los artistas cubanos puede impactar
positivamente a la música cubana? Por otro lado, le gustaría ver a más
artistas americanos tocando y grabando en la Habana? ¿Le parece que
esto seria posible en un futuro próximo?

-Entre los músicos norteamericanos y los cubanos siempre ha existido
admiración e incluso apoyo. Cuando a fines de la década del 70 ocurrió
el Havana-Jam, ellos dejaron una mesa de sonido que la Empresa de
grabaciones de Cuba (EGREM) usó durante años. Mucho después, cuando
estábamos haciendo las primeras grabaciones en Ojalá y en Abdala,
tuvimos a un entusiasta colaborador norteamericano, el ingeniero de
sonido John Fausty, que nos enseñó secretos de la tecnología que
acabábamos de adquirir. Ojalá aprueben que los norteamericanos puedan
viajar normalmente a Cuba, eso incrementaría mucho los contactos y
creo que ambas partes nos beneficiaríamos.

-Ud. acaba de estrenar su propio blog - por qué escribir un blog?

-Lo hice porque estaba de visita en el blog de un trovador venezolano
y vi un letrero que decía ¿quiere hacer un blog? Me metí y cuando vine
a ver tenía un blog propio. Yo no sabía muy bien en qué consistía y me
he ido dando cuenta poco a poco. Lo lamentable es que a veces, por el
trabajo, pasan días y no hay tiempo de escribir nada. Uno trata de
decir cosas que tengan sentido, pero sin exagerar, porque entiendo que
el blog es un lugar para estar en confianza, como entre amigos. Es un
lugar donde uno puede jugar a Dios, porque puede poner y quitar lo que
decida. Yo no he sido capaz de suprimir ni un solo comentario adverso,
que los hay. He resultado ser un diosito bastante democrático.(*)

-En su último disco, hay reflexiones sobre la realidad cubana actual.
Muchas veces se le ha descrito a usted como “La voz de la revolución”
cubana — ¿se siente cómodo con esta descripción?

-Para nada. La voz de la Revolución cubana es Fidel. Y, cantando, lo
fue Carlos Puebla. Yo comparto los principios que fundamentaron la
Revolución. O sea, la respeto y podría decir que la siento como parte
entrañable, porque me hice hombre aprendiendo de la Revolución. Fui
miliciano con 14 años, cuando el desembarco por Bahía de Cochinos. Con
30 partí a ayudar a los angoleños, cuando la Sudáfrica del apartheid
los invadió. Esas vivencias me dictaron canciones de combate, pero si
Ud. revisa mi repertorio no encontrará loas adulatorias ni fanatismo.
Nunca he tratado de escribir panfletos políticos; el gusto que tengo
por la poesía no me lo permite. Me siento comprometido con la dignidad
de mi pueblo, que ha pasado mucho sin doblegarse. Y también tengo un
espíritu bastante autocrítico.

-He leído que tocó en Nueva York por última vez en 1978. ¿Bajo qué
circunstancias se organizó ese concierto?

Lo organizaron las brigadas “Antonio Maceo” (jóvenes cubanos que
cuando niños fueron llevados a los Estados Unidos) y “Venceremos”
(norteamericanos amigos de Cuba). Fue en Broadway, en un teatro
llamado Minskof, que en julio de 1978 estaba acabado de remozar. El
auditorio estaba completamente lleno y el público pedía canciones por
sus títulos . Yo no entendía cómo eso podía estar pasándome en los
Estados Unidos. Año y medio después, en febrero de 1980, volví a
cantar en Nueva York, en la Brooklyn Academy of Music. Esta vez iba
con Pablo Milanés. Fue una noche en que nevaba mucho y eso nos retrasó
dos horas. Nos llevamos una gran sorpresa cuando llegamos, pasadas las
11, y descubrimos que el teatro lleno aún nos esperaba.

-¿Con cual artista americano le gustaría compartir el escenario?
¿Habrá posibilidad de que se verá algún invitado en el escenario en
Carnegie Hall?

-Conozco a Barbara Dane, que hace 40 años publicó el primer disco de
mi generación en los Estados Unidos, en un sello llamado -imagínese-
Paredón Records. Conozco a David Byrne, que hace 20 años tuvo la
gentileza de publicar una antología de mis canciones. También conozco
a Pete Seeger y a Harry Belafonte, de quienes guardo enseñanzas
inolvidables. Lo cierto es que no me gusta estar molestando a las
personas. Así que lo más probable es que cante con mis compañeros, que
también son muy buenos músicos. Se trata del trío de cuerdas pulsadas
Trovarroco, el baterista y percusionista Oliver Valdés, y la flautista
y clarinetista Niurka González. No se los pierda, que son muy buenos.

19 de mayo de 2010.

lunes, 25 de abril de 2011

¿Debe el artista responder a la violencia de nuestros tiempos?

Bienvenidos a Foro Abierto. Este es un espacio público donde se propone un tema de interés general. La sección pretende que quien visita Foro Abierto, participe con un comentario acerca del tema.En este primer número, y dados los terribles eventos de violencia que sacuden al país,y en general al mundo, nos atrevemos a preguntar:

 ¿Debe el artista responder, de alguna forma, a la violencia de nuestros tiempos? ¿O está libre de responsabilidad al respecto? ¿El artista debe concentrarse en un trabajo apolítico, o es sencillamente imposible mantenerse al margen de los acontecimientos?

Esperamos que la pregunta sea de tu interés, y nos ayudes participando con tu(s) respuesta(s).